miércoles, 16 de enero de 2002

DEJÁNDOSE LLEVAR POR LA MUERTE.
PARTE II...

Me llegan otras ideas sobre la muerte…

En el momento de la sepultura, escuché dos frases que me conmovieron mucho, una de Diana y otra de Javier, su hermano; al punto de llegar a manifestar ese estado emocional. Ella gritaba y también decía calmada: “Papi, te amo”;… “papi, te amo” y su hermano decía: “Papi, te quise; pero yo te aseguro que en el cielo te amaré más”;… “allá, te amaré más”;… “allá, te amaré por siempre”. Distintas verdades de una sola verdad... ¿Cómo puede el ser humano, en medio de su dolor, ser tan sabio? Lo he expresado anteriormente: SOMOS DIOS ACTUANDO.

La expresión “te amo” está en presente; denota el aquí, el ahora; el ya mismo. La expresión “en el cielo te amaré más y por siempre” está en futuro; indica algo que no se ha dado; pero que se va a dar y como para complementar la idea, utiliza la frase “te aseguro” y “por siempre”; certeza, fe y eternidad. Realidades, sencillas realidades. La muerte no acaba con la vida; por eso, el “te amo”; la muerte comienza otra etapa de la vida; por eso, el “te amaré más y por siempre”. ¿Casualidad? No lo creo… No lo creo… No lo creo.

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En los actos mortuorios uno escucha el lamento de los afectados, consternados preguntan ¿por qué? ¿Por qué si era bueno? ¿Por qué los malos aún están vivos y duran más tiempo viviendo?... He comentado que nuestra humanidad es un proceso de preparación para nuestra divinidad. Si entre dos personas, una ha hecho más daño; más maldad que la otra- siguiendo la misma línea (y especulando)- ¿Quién necesita más tiempo para prepararse para la otra etapa de la vida? La respuesta es sencilla; necesita más tiempo de preparación quien no ha entendido el propósito de su existencia aquí en la tierra. Sale otra pregunta; si eso es así, entonces ¿las personas que han muerto han entendido y realizado su propósito? Yo no sabría responder; pero puedo aludir a una frase muy conocida: “cuando el discípulo está preparado, entonces aparece el maestro”; es decir, si murieron es porque ya estaban preparados para iniciar su nueva etapa; de eso no me cabe la menor duda. De lo contrario, la muerte no tendría sentido.

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En líneas anteriores mencioné que San Pablo decía que quería morir para unirse con Cristo. Pregunta a flote, ¿y es que acaso no estamos unidos a Cristo? Sí; pero todavía no. Si lo estamos; pero no de manera definitiva (recuerden el comentario de Al, acerca de sentir la presencia de Dios en forma intermitente) Javier y Diana, no pudieron expresarlo mejor: “te quise… te amo… pero, te aseguro que en el cielo, te amaré más… allá te amaré por siempre”… La muerte es un gozo presente y la espera de una alegría futura y eterna: LA VIDA SIGUE.

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Dejándose llevar por la muerte no es más que mi intención de expresar cuánto aprendemos, valoramos y reconstruimos nuestra vida cuando pensamos y sentimos la muerte (VIDA-DIOS-VIDA; llego al mismo punto); porque la muerte nos hace estar más vivos y más conscientes de nuestra existencia.


Soy yo la que escribo…


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